La persona que solo me escribía después de las diez — Tarapoto: una promesa difícil de cumplir
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 27 años, la otra persona tiene 42 y ambos somos adultos. Vivo en Tarapoto y tenía pareja, aunque nuestra relación atravesaba una etapa de distancia y rutina. Todo comenzó con alguien que conocí en una boda, a partir de la complicidad de una noche en la que ninguno conocía a mucha gente.
Durante casi 2 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: el asiento que siempre guardaba a mi lado, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Durante una salida del grupo, terminó preguntándome directamente si yo también sentía esa tensión. Le respondí que sí antes de pensarlo demasiado. Terminamos pasando la noche juntos. No necesito describir cada detalle para admitir que fue intenso y que cruzamos una frontera difícil de olvidar.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Esa persona quiere una relación seria y yo no sé si lo que siento existe fuera de la intensidad de nuestros encuentros. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
Desde aquella noche, los momentos cotidianos se sienten distintos. Una despedida, una llamada breve o una mirada frente a otras personas tiene un peso que antes no existía, y mantener la discreción empieza a cansarnos.
He intentado imaginar cómo sería compartir una semana normal, con cansancio, responsabilidades y desacuerdos, no solo encuentros intensos. Esa pregunta me ayuda a mirar la situación con más claridad, aunque todavía no tengo una respuesta.
Quiero evitar promesas nacidas únicamente de la intensidad y mirar con honestidad la realidad de los dos. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Debería contar lo ocurrido a las personas que podrían verse afectadas?
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en responder.