Cuido a una persona querida y amo hacerlo, pero también estoy agotado y me da culpa decirlo — Moquegua: la verdad que por fin necesitaba contar
No sé exactamente qué respuesta busco; quizá solo necesito dejar esto en algún lugar. Tengo 48 años, vivo en Moquegua y últimamente cuido a una persona querida y amo hacerlo, pero también estoy agotado y me da culpa decirlo.
Desde fuera mi rutina parece normal. Cumplo horarios, respondo mensajes, hago compras y participo en conversaciones. Sin embargo, hay días en que cada tarea pequeña requiere una energía que nadie ve. Cuando alguien pregunta cómo estoy, respondo “bien” por costumbre y porque explicar todo parece demasiado largo.
He intentado organizarme mejor, dormir más y distraerme con cosas que antes disfrutaba. Algunas ayudan por un rato, especialmente ordenar un pequeño espacio de la casa, pero la sensación vuelve cuando termina el ruido del día. No estoy buscando lástima; me gustaría sentir que puedo hablar sin tener que tranquilizar inmediatamente a la otra persona.
He comenzado a poner límites pequeños, pero cada “no” todavía viene acompañado de una explicación demasiado larga.
Estoy intentando tratarme con la misma paciencia que ofrezco cuando otra persona atraviesa una etapa difícil. Estoy aprendiendo que reconocer el cansancio no significa rendirse, pero todavía me cuesta tratarme con la misma paciencia que ofrezco a otros. ¿Cómo empezaron ustedes a pedir ayuda sin sentir que estaban molestando?
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