Todos confían en que yo sabré qué hacer, pero la verdad es que también tengo miedo — Moquegua: la verdad que por fin necesitaba contar
No sé exactamente qué respuesta busco; quizá solo necesito dejar esto en algún lugar. Tengo 50 años, vivo en Moquegua y últimamente todos confían en que yo sabré qué hacer, pero la verdad es que también tengo miedo.
Desde fuera mi rutina parece normal. Cumplo horarios, respondo mensajes, hago compras y participo en conversaciones. Sin embargo, hay días en que cada tarea pequeña requiere una energía que nadie ve. Cuando alguien pregunta cómo estoy, respondo “bien” por costumbre y porque explicar todo parece demasiado largo.
He intentado organizarme mejor, dormir más y distraerme con cosas que antes disfrutaba. Algunas ayudan por un rato, especialmente escuchar música antes de dormir, pero la sensación vuelve cuando termina el ruido del día. No estoy buscando lástima; me gustaría sentir que puedo hablar sin tener que tranquilizar inmediatamente a la otra persona.
Una persona cercana notó que estoy distinto y me ofreció escucharme, pero todavía no encuentro cómo empezar la conversación.
Reconocer el cansancio no significa rendirse; significa dejar de actuar como si mis límites no existieran. Estoy aprendiendo que reconocer el cansancio no significa rendirse, pero todavía me cuesta tratarme con la misma paciencia que ofrezco a otros. ¿También han sentido que deben estar bien para no preocupar a nadie?
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