Me mudé buscando una vida mejor y todavía no consigo sentir que pertenezco a este lugar — Ayacucho: una historia que todavía sigue abierta
No sé exactamente qué respuesta busco; quizá solo necesito dejar esto en algún lugar. Tengo 33 años, vivo en Ayacucho y últimamente me mudé buscando una vida mejor y todavía no consigo sentir que pertenezco a este lugar.
Desde fuera mi rutina parece normal. Cumplo horarios, respondo mensajes, hago compras y participo en conversaciones. Sin embargo, hay días en que cada tarea pequeña requiere una energía que nadie ve. Cuando alguien pregunta cómo estoy, respondo “bien” por costumbre y porque explicar todo parece demasiado largo.
He intentado organizarme mejor, dormir más y distraerme con cosas que antes disfrutaba. Algunas ayudan por un rato, especialmente descansar una tarde sin revisar mensajes, pero la sensación vuelve cuando termina el ruido del día. No estoy buscando lástima; me gustaría sentir que puedo hablar sin tener que tranquilizar inmediatamente a la otra persona.
Quiero recuperar espacios que no estén dedicados a producir, resolver o cuidar a alguien más.
Sé que no necesito resolver toda mi vida en un solo día, aunque todavía me cuesta aceptar pasos pequeños. Estoy aprendiendo que reconocer el cansancio no significa rendirse, pero todavía me cuesta tratarme con la misma paciencia que ofrezco a otros. ¿Es válido detenerse aunque las responsabilidades continúen esperando?
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