Todos confían en que yo sabré qué hacer, pero la verdad es que también tengo miedo — Cusco: el detalle que nadie más conocía
No sé exactamente qué respuesta busco; quizá solo necesito dejar esto en algún lugar. Tengo 24 años, vivo en Cusco y últimamente todos confían en que yo sabré qué hacer, pero la verdad es que también tengo miedo.
Desde fuera mi rutina parece normal. Cumplo horarios, respondo mensajes, hago compras y participo en conversaciones. Sin embargo, hay días en que cada tarea pequeña requiere una energía que nadie ve. Cuando alguien pregunta cómo estoy, respondo “bien” por costumbre y porque explicar todo parece demasiado largo.
He intentado organizarme mejor, dormir más y distraerme con cosas que antes disfrutaba. Algunas ayudan por un rato, especialmente caminar sin el teléfono durante unos minutos, pero la sensación vuelve cuando termina el ruido del día. No estoy buscando lástima; me gustaría sentir que puedo hablar sin tener que tranquilizar inmediatamente a la otra persona.
He comenzado a poner límites pequeños, pero cada “no” todavía viene acompañado de una explicación demasiado larga.
Quiero recuperar una rutina donde descansar, disfrutar y equivocarme no se sientan como premios que debo ganar. Estoy aprendiendo que reconocer el cansancio no significa rendirse, pero todavía me cuesta tratarme con la misma paciencia que ofrezco a otros. ¿Cómo diferencian una mala etapa de una vida que realmente necesita cambiar?
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