Perdí a una persona importante y la vida de los demás continuó mucho antes de que yo estuviera preparado — Puerto Maldonado: el detalle que nadie más conocía
No sé exactamente qué respuesta busco; quizá solo necesito dejar esto en algún lugar. Tengo 50 años, vivo en Puerto Maldonado y últimamente perdí a una persona importante y la vida de los demás continuó mucho antes de que yo estuviera preparado.
Desde fuera mi rutina parece normal. Cumplo horarios, respondo mensajes, hago compras y participo en conversaciones. Sin embargo, hay días en que cada tarea pequeña requiere una energía que nadie ve. Cuando alguien pregunta cómo estoy, respondo “bien” por costumbre y porque explicar todo parece demasiado largo.
He intentado organizarme mejor, dormir más y distraerme con cosas que antes disfrutaba. Algunas ayudan por un rato, especialmente retomar una película o un libro que había dejado, pero la sensación vuelve cuando termina el ruido del día. No estoy buscando lástima; me gustaría sentir que puedo hablar sin tener que tranquilizar inmediatamente a la otra persona.
Una persona cercana notó que estoy distinto y me ofreció escucharme, pero todavía no encuentro cómo empezar la conversación.
Pedir compañía no me convierte en una carga y guardar todo tampoco protege realmente a quienes me quieren. Estoy aprendiendo que reconocer el cansancio no significa rendirse, pero todavía me cuesta tratarme con la misma paciencia que ofrezco a otros. ¿Es válido detenerse aunque las responsabilidades continúen esperando?
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