Llevo meses resolviendo todo para todos y siento que no queda energía para mí en Puno — Puno: una historia que todavía sigue abierta
No sé exactamente qué respuesta busco; quizá solo necesito dejar esto en algún lugar. Tengo 24 años, vivo en Puno y últimamente llevo meses resolviendo todo para todos y siento que no queda energía para mí.
Desde fuera mi rutina parece normal. Cumplo horarios, respondo mensajes, hago compras y participo en conversaciones. Sin embargo, hay días en que cada tarea pequeña requiere una energía que nadie ve. Cuando alguien pregunta cómo estoy, respondo “bien” por costumbre y porque explicar todo parece demasiado largo.
He intentado organizarme mejor, dormir más y distraerme con cosas que antes disfrutaba. Algunas ayudan por un rato, especialmente preparar algo sencillo para comer, pero la sensación vuelve cuando termina el ruido del día. No estoy buscando lástima; me gustaría sentir que puedo hablar sin tener que tranquilizar inmediatamente a la otra persona.
Una persona cercana notó que estoy distinto y me ofreció escucharme, pero todavía no encuentro cómo empezar la conversación.
Pedir compañía no me convierte en una carga y guardar todo tampoco protege realmente a quienes me quieren. Estoy aprendiendo que reconocer el cansancio no significa rendirse, pero todavía me cuesta tratarme con la misma paciencia que ofrezco a otros. ¿Cómo empezaron ustedes a pedir ayuda sin sentir que estaban molestando?
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