La persona que solo me escribía después de las diez — Cajamarca: el miedo de empezar nuevamente
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 24 años, la otra persona tiene 34 y ambos somos adultos. Vivo en Cajamarca y estaba concentrado en el trabajo y no buscaba ninguna relación. Todo comenzó con el hermano de una amiga, a partir de las reuniones en las que intentábamos actuar con normalidad.
Durante casi 10 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: una canción que ambos conocíamos de memoria, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Durante una visita inesperada, terminó preguntándome directamente si yo también sentía esa tensión. Le respondí que sí antes de pensarlo demasiado. La noche terminó en su departamento. Los dos sabíamos lo que hacíamos y, precisamente por eso, al día siguiente fue imposible llamarlo accidente.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Me confesó que llevaba mucho tiempo sintiendo lo mismo y que no quiere seguir escondiéndolo. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
No me arrepiento de que todo haya sido consensuado y cuidado, pero sí me preocupa haber abierto una historia para la que ninguno tenía un plan. La atracción sigue presente y ahora se mezcla con miedo, ternura y expectativa.
Los dos sabemos que el consentimiento y el cuidado deben mantenerse en cada encuentro, no darse por supuestos por lo que ocurrió antes. Esa claridad me tranquiliza, pero no resuelve las decisiones emocionales que siguen pendientes.
Intento distinguir entre la emoción de lo secreto y la compatibilidad que necesitaríamos en la vida cotidiana. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Debería contar lo ocurrido a las personas que podrían verse afectadas?
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