Lo nuestro empezó como deseo y ahora parece algo más — Lima: el miedo de empezar nuevamente · cada día lo veo de una forma distinta
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 42 años, la otra persona tiene 25 y ambos somos adultos. Vivo en Lima y estaba soltero y llevaba bastante tiempo sin involucrarme seriamente con nadie. Todo comenzó con una persona del gimnasio, a partir de las coincidencias de horario y las bromas después de entrenar.
Durante casi 7 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: la costumbre de responder con audios larguísimos, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Una noche, después de semanas de mensajes, acordamos vernos sin más excusas. Ambos sabíamos que aquella cita no era solo para conversar. Terminamos pasando la noche juntos. No necesito describir cada detalle para admitir que fue intenso y que cruzamos una frontera difícil de olvidar.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Ahora debe mudarse a otra ciudad y propone que intentemos algo a distancia, aunque nunca definimos qué somos. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
Intentamos establecer reglas claras: nada de promesas impulsivas, nada de presiones y sinceridad sobre lo que cada uno espera. Aun así, las emociones no están obedeciendo el orden que tratamos de imponerles.
También hablamos de límites, protección y expectativas antes de volver a vernos. Esa conversación fue menos romántica que la primera noche, pero me hizo entender que la confianza no puede sostenerse únicamente con química.
Intento distinguir entre la emoción de lo secreto y la compatibilidad que necesitaríamos en la vida cotidiana. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Es posible volver a la amistad después de cruzar este límite?
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