Me quedé hablando solo porque mis audífonos se desconectaron — Puerto Maldonado: una promesa difícil de cumplir
Tengo 40 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Puerto Maldonado. Todo ocurrió en un bus lleno: me quedé hablando solo porque mis audífonos se desconectaron.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Hubo unos segundos de silencio y después todo el mundo comenzó a reír. Yo también me reí, aunque sentía que la cara me ardía. Intenté resolverlo diciendo “creo que hoy no es mi día”, pero eso provocó otra ronda de risas.
Con el tiempo la anécdota se volvió menos dolorosa, aunque todavía siento calor en la cara cuando alguien la menciona.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Les ha pasado algo parecido o tengo un talento especial para estas situaciones?
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