Dijimos que sería una sola vez, pero no pudimos cumplirlo — Sullana: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 45 años, la otra persona tiene 34 y ambos somos adultos. Vivo en Sullana y estaba concentrado en el trabajo y no buscaba ninguna relación. Todo comenzó con alguien que conocí durante un viaje, a partir de las horas compartidas lejos de nuestra rutina.
Durante casi 6 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: la costumbre de responder con audios larguísimos, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Durante una salida del grupo, terminó preguntándome directamente si yo también sentía esa tensión. Le respondí que sí antes de pensarlo demasiado. Cruzamos el límite que habíamos puesto durante meses. Todo fue entre adultos y de mutuo acuerdo, pero las consecuencias emocionales llegaron mucho más rápido de lo esperado.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Acordamos que sería una sola vez, pero ya nos hemos buscado nuevamente y cada encuentro hace más difícil mantenerlo como algo casual. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
No me arrepiento de que todo haya sido consensuado y cuidado, pero sí me preocupa haber abierto una historia para la que ninguno tenía un plan. La atracción sigue presente y ahora se mezcla con miedo, ternura y expectativa.
En público seguimos actuando como antes. Lo difícil es que ahora reconozco pequeños gestos que nadie más nota: la pausa antes de despedirnos, la forma de buscar un momento a solas y los mensajes que evitamos enviar cuando estamos acompañados.
La atracción es clara; lo que todavía no sabemos es si nuestras expectativas pueden convivir sin lastimarnos. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Debería contar lo ocurrido a las personas que podrían verse afectadas?
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en responder.