Llegué a una entrevista con una prenda puesta al revés y nadie me avisó — Chimbote: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Tengo 34 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Chimbote. Todo ocurrió en una entrevista de trabajo: llegué a una entrevista con una prenda puesta al revés y nadie me avisó.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Intenté actuar como si nada hubiera ocurrido, pero cada movimiento que hice después parecía llamar todavía más la atención. Intenté resolverlo diciendo “necesito reiniciar esta mañana”, pero eso provocó otra ronda de risas.
La persona a la que intentaba impresionar fue quien mejor reaccionó y eso, por suerte, hizo el momento un poco más humano.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Es mejor reírse de inmediato o intentar fingir que nada ocurrió?
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