Dijimos que sería una sola vez, pero no pudimos cumplirlo — Cañete: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 23 años, la otra persona tiene 44 y ambos somos adultos. Vivo en Cañete y estaba soltero y llevaba bastante tiempo sin involucrarme seriamente con nadie. Todo comenzó con una persona de mi grupo de amigos, a partir de las miradas que empezaron a sentirse demasiado evidentes.
Durante casi 3 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: una libreta donde anotaba todo, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Después de una reunión de antiguos amigos, hablamos con una honestidad que nos sorprendió. Preguntamos si realmente queríamos seguir y los dos dijimos que sí. Cruzamos el límite que habíamos puesto durante meses. Todo fue entre adultos y de mutuo acuerdo, pero las consecuencias emocionales llegaron mucho más rápido de lo esperado.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Cada vez que intento alejarme aparece una excusa razonable para volver a vernos y termino cediendo. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
No me arrepiento de que todo haya sido consensuado y cuidado, pero sí me preocupa haber abierto una historia para la que ninguno tenía un plan. La atracción sigue presente y ahora se mezcla con miedo, ternura y expectativa.
En público seguimos actuando como antes. Lo difícil es que ahora reconozco pequeños gestos que nadie más nota: la pausa antes de despedirnos, la forma de buscar un momento a solas y los mensajes que evitamos enviar cuando estamos acompañados.
Intento distinguir entre la emoción de lo secreto y la compatibilidad que necesitaríamos en la vida cotidiana. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Se puede mantener una relación casual cuando ya existen sentimientos y expectativas?
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