Saludé con demasiada confianza a un desconocido pensando que era un amigo — Tacna: una historia que todavía sigue abierta
Tengo 32 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Tacna. Todo ocurrió en la calle: saludé con demasiada confianza a un desconocido pensando que era un amigo.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Hubo unos segundos de silencio y después todo el mundo comenzó a reír. Yo también me reí, aunque sentía que la cara me ardía. Intenté resolverlo diciendo “por favor, hagamos como si no pasó”, pero eso provocó otra ronda de risas.
La persona a la que intentaba impresionar fue quien mejor reaccionó y eso, por suerte, hizo el momento un poco más humano.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Qué habrían dicho ustedes para salir del momento con un poco de dignidad?
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