Llegué a una entrevista con una prenda puesta al revés y nadie me avisó — Huancayo: el detalle que nadie más conocía
Tengo 31 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Huancayo. Todo ocurrió en una entrevista de trabajo: llegué a una entrevista con una prenda puesta al revés y nadie me avisó.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
La persona involucrada lo tomó con humor, lo que evitó un desastre, aunque yo seguí pensando en eso durante días. Intenté resolverlo diciendo “esto se va a convertir en una anécdota”, pero eso provocó otra ronda de risas.
Con el tiempo la anécdota se volvió menos dolorosa, aunque todavía siento calor en la cara cuando alguien la menciona.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Qué habrían dicho ustedes para salir del momento con un poco de dignidad?
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