Caí frente a todo el salón intentando entrar con discreción — Trujillo: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Tengo 41 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Trujillo. Todo ocurrió en una exposición: caí frente a todo el salón intentando entrar con discreción.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Mi primera reacción fue querer desaparecer; la segunda fue revisar si existía alguna forma de borrar el recuerdo de los demás. Intenté resolverlo diciendo “creo que hoy no es mi día”, pero eso provocó otra ronda de risas.
Un amigo prometió no contarlo y, por supuesto, esa misma noche ya lo sabía medio grupo.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Es mejor reírse de inmediato o intentar fingir que nada ocurrió?
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