Dejé el micrófono abierto durante una videollamada y todos escucharon mi comentario en Abancay
Tengo 23 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Abancay. Todo ocurrió en una reunión virtual: dejé el micrófono abierto durante una videollamada y todos escucharon mi comentario.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Hubo unos segundos de silencio y después todo el mundo comenzó a reír. Yo también me reí, aunque sentía que la cara me ardía. Intenté resolverlo diciendo “esto se va a convertir en una anécdota”, pero eso provocó otra ronda de risas.
Durante el resto del día cada persona que me miraba me parecía alguien que ya conocía la historia.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Ustedes habrían vuelto al lugar o no aparecían nunca más?
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