Llegué a una entrevista con una prenda puesta al revés y nadie me avisó — Huánuco: el detalle que nadie más conocía
Tengo 50 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Huánuco. Todo ocurrió en una entrevista de trabajo: llegué a una entrevista con una prenda puesta al revés y nadie me avisó.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Alguien intentó ayudarme con discreción, pero para entonces prácticamente todos ya habían notado la situación. Intenté resolverlo diciendo “creo que hoy no es mi día”, pero eso provocó otra ronda de risas.
Con el tiempo la anécdota se volvió menos dolorosa, aunque todavía siento calor en la cara cuando alguien la menciona.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Cuál ha sido la situación más vergonzosa que les pasó y ahora pueden contar riéndose?
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