Pensé que alguien me saludaba, respondí emocionado y en realidad hablaba con la persona detrás de mí — Huánuco: la verdad que por fin necesitaba contar
Tengo 52 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Huánuco. Todo ocurrió en una cafetería: pensé que alguien me saludaba, respondí emocionado y en realidad hablaba con la persona detrás de mí.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Mi primera reacción fue querer desaparecer; la segunda fue revisar si existía alguna forma de borrar el recuerdo de los demás. Intenté resolverlo diciendo “esto se va a convertir en una anécdota”, pero eso provocó otra ronda de risas.
La persona a la que intentaba impresionar fue quien mejor reaccionó y eso, por suerte, hizo el momento un poco más humano.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Qué habrían dicho ustedes para salir del momento con un poco de dignidad?
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