Saludé con demasiada confianza a un desconocido pensando que era un amigo — Chincha: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Tengo 46 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Chincha. Todo ocurrió en la calle: saludé con demasiada confianza a un desconocido pensando que era un amigo.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Intenté actuar como si nada hubiera ocurrido, pero cada movimiento que hice después parecía llamar todavía más la atención. Intenté resolverlo diciendo “por favor, hagamos como si no pasó”, pero eso provocó otra ronda de risas.
Un amigo prometió no contarlo y, por supuesto, esa misma noche ya lo sabía medio grupo.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Qué habrían dicho ustedes para salir del momento con un poco de dignidad?
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