Llamé “mamá” a una profesora por reflejo — Chiclayo: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Tengo 40 años y todavía me da vergüenza recordar lo que me pasó en Chiclayo. Todo ocurrió en el instituto: llamé “mamá” a una profesora por reflejo.
Lo peor es que antes del incidente yo estaba intentando verme completamente tranquilo. Había llegado con tiempo, revisado todo y hasta pensado que esa vez nada podía salir mal. En cuestión de segundos entendí que la confianza puede desaparecer mucho más rápido de lo que llega.
Quise explicar lo sucedido y terminé empeorándolo porque cada frase sonaba más absurda que la anterior. Intenté resolverlo diciendo “esto se va a convertir en una anécdota”, pero eso provocó otra ronda de risas.
La persona a la que intentaba impresionar fue quien mejor reaccionó y eso, por suerte, hizo el momento un poco más humano.
Ahora puedo reírme, pero en ese instante habría aceptado cualquier forma de teletransportarme. ¿Es mejor reírse de inmediato o intentar fingir que nada ocurrió?
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