Presto dinero con frecuencia y ya no sé si estoy ayudando o sosteniendo una costumbre injusta en una reunión de Puno
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 49 años, vivo en Puno y el conflicto que más me pesa está dentro de mi propia familia: presto dinero con frecuencia y ya no sé si estoy ayudando o sosteniendo una costumbre injusta.
No empezó con una sola pelea. Fueron años de pequeñas decisiones, bromas que dolían, favores dados por obligación y conversaciones que siempre se posponían para “no arruinar el momento”. Yo también participé en ese silencio porque pensaba que mantener la paz era más importante que decir lo que necesitaba.
Todo explotó durante un cumpleaños familiar. Alguien hizo un comentario que habría parecido insignificante desde fuera, pero para nosotros contenía años de historia. Respondí con más fuerza de la que acostumbro y desde entonces varias personas dicen que exageré, sin preguntarme qué había acumulado antes.
Ahora recibo mensajes que apelan a la culpa y a la idea de que la familia debe soportarlo todo.
Poner distancia puede ser una forma de cuidar el vínculo cuando la cercanía solo produce resentimiento. Quiero cuidar los vínculos, pero no a costa de seguir ocupando un lugar que me hace daño. ¿Es válido alejarse un tiempo aunque la familia lo interprete como abandono?
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