Lo nuestro empezó como deseo y ahora parece algo más — Huancayo: una promesa difícil de cumplir
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 28 años, la otra persona tiene 32 y ambos somos adultos. Vivo en Huancayo y estaba soltero y llevaba bastante tiempo sin involucrarme seriamente con nadie. Todo comenzó con una persona del gimnasio, a partir de las coincidencias de horario y las bromas después de entrenar.
Durante casi 6 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: la broma interna que nadie más entendía, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Después de un proyecto que terminó tarde, hablamos con una honestidad que nos sorprendió. Preguntamos si realmente queríamos seguir y los dos dijimos que sí. Nos quedamos en privado hasta la mañana siguiente. Fue un encuentro íntimo entre adultos, completamente consensuado, pero mucho más significativo de lo que habíamos planeado.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Acordamos que sería una sola vez, pero ya nos hemos buscado nuevamente y cada encuentro hace más difícil mantenerlo como algo casual. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
Intentamos establecer reglas claras: nada de promesas impulsivas, nada de presiones y sinceridad sobre lo que cada uno espera. Aun así, las emociones no están obedeciendo el orden que tratamos de imponerles.
Los dos sabemos que el consentimiento y el cuidado deben mantenerse en cada encuentro, no darse por supuestos por lo que ocurrió antes. Esa claridad me tranquiliza, pero no resuelve las decisiones emocionales que siguen pendientes.
Intento distinguir entre la emoción de lo secreto y la compatibilidad que necesitaríamos en la vida cotidiana. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Ustedes cortarían todo antes de que se complique más o intentarían descubrir si hay algo real?
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