Lo que pasó después de quedarnos a solas — Lima: la verdad que por fin necesitaba contar
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 39 años, la otra persona tiene 44 y ambos somos adultos. Vivo en Lima y había decidido que cualquier vínculo nuevo sería estrictamente casual. Todo comenzó con una amistad que conocí por redes, a partir de los mensajes privados que se volvieron cada vez más personales.
Durante casi 3 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: la risa que intentaba disimular en momentos serios, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Después de una boda, hablamos con una honestidad que nos sorprendió. Preguntamos si realmente queríamos seguir y los dos dijimos que sí. Nos permitimos vivir aquello que llevábamos imaginando. Fue consensuado, sin excesos ni promesas, aunque después aparecieron sentimientos que no estaban en el acuerdo.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Ahora debe mudarse a otra ciudad y propone que intentemos algo a distancia, aunque nunca definimos qué somos. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
Intentamos establecer reglas claras: nada de promesas impulsivas, nada de presiones y sinceridad sobre lo que cada uno espera. Aun así, las emociones no están obedeciendo el orden que tratamos de imponerles.
Los dos sabemos que el consentimiento y el cuidado deben mantenerse en cada encuentro, no darse por supuestos por lo que ocurrió antes. Esa claridad me tranquiliza, pero no resuelve las decisiones emocionales que siguen pendientes.
Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a alguien y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Se puede mantener una relación casual cuando ya existen sentimientos y expectativas?
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