La persona que solo me escribía después de las diez — Pucallpa: una promesa difícil de cumplir
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 41 años, la otra persona tiene 35 y ambos somos adultos. Vivo en Pucallpa y acababa de terminar una relación larga y creía que necesitaba estar solo. Todo comenzó con un compañero de trabajo de otra área, a partir de las reuniones y los mensajes que se alargaban después del horario.
Durante casi 3 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: las coincidencias de horario que parecían casuales, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
La tensión acumulada terminó en un beso que llevaba meses esperando. No hubo presión ni dudas sobre el consentimiento. Nos quedamos en privado hasta la mañana siguiente. Fue un encuentro íntimo entre adultos, completamente consensuado, pero mucho más significativo de lo que habíamos planeado.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Ahora debe mudarse a otra ciudad y propone que intentemos algo a distancia, aunque nunca definimos qué somos. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
Desde aquella noche, los momentos cotidianos se sienten distintos. Una despedida, una llamada breve o una mirada frente a otras personas tiene un peso que antes no existía, y mantener la discreción empieza a cansarnos.
En público seguimos actuando como antes. Lo difícil es que ahora reconozco pequeños gestos que nadie más nota: la pausa antes de despedirnos, la forma de buscar un momento a solas y los mensajes que evitamos enviar cuando estamos acompañados.
No me arrepiento de una decisión consensuada, pero sí quiero hacerme responsable de lo que ocurra después. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Ustedes cortarían todo antes de que se complique más o intentarían descubrir si hay algo real?
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en responder.