Todos parecen avanzar más rápido y cada logro ajeno se ha convertido en una medida de mi propio fracaso — Chiclayo: el detalle que nadie más conocía
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 31 años, estudio Ingeniería Industrial en Chiclayo y estoy en el ciclo 10. Todos los involucrados en esta historia somos adultos. La verdad es que todos parecen avanzar más rápido y cada logro ajeno se ha convertido en una medida de mi propio fracaso.
Al comenzar la universidad imaginaba que el esfuerzo tendría una dirección clara. Con el tiempo aparecieron horarios cruzados, gastos, trabajos grupales y la presión de demostrar que valió la pena llegar hasta aquí. He intentado organizarme con listas, calendarios y noches sin dormir, pero la sensación de ir atrasado no desaparece.
El punto de quiebre llegó durante una clase especialmente difícil. Escuché a mis compañeros hablar de prácticas, notas y planes de graduación, mientras yo calculaba todo lo que todavía no he resuelto. No dije nada porque me da vergüenza que confundan una etapa difícil con falta de capacidad.
Mis amistades intentan animarme, pero algunas frases como “solo organízate mejor” me hacen sentir todavía más incomprendido.
Terminar rápido no debería ser más importante que entender qué camino estoy construyendo. No quiero abandonar por cansancio, pero tampoco deseo continuar únicamente por no decepcionar a otros. ¿Cómo hablarían con la familia cuando todos han hecho sacrificios para apoyar los estudios?
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