Acepté quedarme por una mejora salarial que nunca llegó — Barranca: una historia que todavía sigue abierta
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 21 años y trabajo desde hace 14 años en una universidad privada de Barranca. El problema es que acepté quedarme por una mejora salarial que nunca llegó.
Durante mucho tiempo intenté adaptarme porque valoraba la estabilidad, el aprendizaje y la relación con algunas personas del equipo. Me acostumbré a responder mensajes fuera de horario, resolver urgencias y mantener una buena cara incluso cuando las decisiones no eran justas.
La situación llegó a un punto distinto durante la entrega de un proyecto importante. Hubo una conversación donde quedó claro que mi esfuerzo se daba por sentado, mientras cualquier límite era interpretado como falta de compromiso. Salí de esa reunión con una mezcla de enojo y miedo, porque necesito el sueldo pero también siento que me estoy apagando.
Una persona de confianza me recomendó documentar todo antes de hablar, pero hacerlo me hace sentir como si ya estuviera preparando una guerra.
Una carrera se construye con decisiones difíciles, y quedarse por costumbre también es una decisión. El trabajo ocupa demasiadas horas de la vida como para vivirlo únicamente sobreviviendo, pero tampoco puedo ignorar la realidad económica. ¿Creen que vale la pena luchar por mejorar el ambiente o ya es momento de salir?
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