Las horas extra se volvieron normales y nadie se atreve a reclamarlas — Sullana: una conversación que lo cambió todo · cada día lo veo de una forma distinta
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 54 años y trabajo desde hace 14 años en una clínica privada de Sullana. El problema es que las horas extra se volvieron normales y nadie se atreve a reclamarlas.
Durante mucho tiempo intenté adaptarme porque valoraba la estabilidad, el aprendizaje y la relación con algunas personas del equipo. Me acostumbré a responder mensajes fuera de horario, resolver urgencias y mantener una buena cara incluso cuando las decisiones no eran justas.
La situación llegó a un punto distinto durante una auditoría interna. Hubo una conversación donde quedó claro que mi esfuerzo se daba por sentado, mientras cualquier límite era interpretado como falta de compromiso. Salí de esa reunión con una mezcla de enojo y miedo, porque necesito el sueldo pero también siento que me estoy apagando.
También hay compañeros que dependen de mí y me preocupa que mi salida aumente todavía más su carga.
La estabilidad importa, pero también importa la forma en que llego a casa después de cada jornada. El trabajo ocupa demasiadas horas de la vida como para vivirlo únicamente sobreviviendo, pero tampoco puedo ignorar la realidad económica. ¿Cómo pondrían límites sin quedar como una persona poco comprometida?
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