Un cliente importante me culpa por decisiones que él mismo cambió varias veces — Chincha: una historia que todavía sigue abierta
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 40 años y trabajo desde hace 1 año en un supermercado de Chincha. El problema es que un cliente importante me culpa por decisiones que él mismo cambió varias veces.
Durante mucho tiempo intenté adaptarme porque valoraba la estabilidad, el aprendizaje y la relación con algunas personas del equipo. Me acostumbré a responder mensajes fuera de horario, resolver urgencias y mantener una buena cara incluso cuando las decisiones no eran justas.
La situación llegó a un punto distinto durante la entrega de un proyecto importante. Hubo una conversación donde quedó claro que mi esfuerzo se daba por sentado, mientras cualquier límite era interpretado como falta de compromiso. Salí de esa reunión con una mezcla de enojo y miedo, porque necesito el sueldo pero también siento que me estoy apagando.
Mi familia me aconseja resistir porque “todos los trabajos son así”, pero no creo que normalizar el desgaste sea una solución.
Necesito cuidar mis ingresos sin normalizar un desgaste que ya está afectando toda mi vida. El trabajo ocupa demasiadas horas de la vida como para vivirlo únicamente sobreviviendo, pero tampoco puedo ignorar la realidad económica. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad con el equipo cuando la empresa no cuida a nadie?
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