Intenté mantener distancia y terminé buscándolo otra vez — Pucallpa: el día en que todo dejó de parecer sencillo
No busco que me den la razón; solo necesito una opinión de alguien que no conozca a las personas involucradas. Tengo 45 años, la otra persona tiene 42 y ambos somos adultos. Vivo en Pucallpa y estaba concentrado en el trabajo y no buscaba ninguna relación. Todo comenzó con un antiguo casi algo, a partir de los recuerdos que ambos fingíamos haber superado.
Durante casi 8 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: la forma en que recordaba detalles que yo olvidaba, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Nos quedamos a solas después de un proyecto que terminó tarde. La conversación se apagó y la cercanía hizo evidente todo lo que llevábamos evitando. Tuvimos un momento muy íntimo y consciente. Al despertar, la confianza entre nosotros había cambiado y ya no era posible volver a las conversaciones de antes.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Ahora debe mudarse a otra ciudad y propone que intentemos algo a distancia, aunque nunca definimos qué somos. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
Lo más confuso es que fuera de la intimidad también existe una conexión real. Podemos pasar horas conversando, conocemos las preocupaciones del otro y hemos comenzado a cuidarnos de maneras que no estaban dentro de un acuerdo casual.
En público seguimos actuando como antes. Lo difícil es que ahora reconozco pequeños gestos que nadie más nota: la pausa antes de despedirnos, la forma de buscar un momento a solas y los mensajes que evitamos enviar cuando estamos acompañados.
La atracción es clara; lo que todavía no sabemos es si nuestras expectativas pueden convivir sin lastimarnos. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Debería contar lo ocurrido a las personas que podrían verse afectadas?
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