No debía sentir esto por una persona que vive en otra ciudad
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 35 años, la otra persona tiene 39 y ambos somos adultos. Vivo en Cusco y acababa de terminar una relación larga y creía que necesitaba estar solo. Todo comenzó con una persona que vive en otra ciudad, a partir de las visitas cortas y la intensidad de saber que el tiempo era limitado.
Durante casi 6 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: el café que siempre pedía sin azúcar, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
Durante una boda, terminó preguntándome directamente si yo también sentía esa tensión. Le respondí que sí antes de pensarlo demasiado. Terminamos pasando la noche juntos. No necesito describir cada detalle para admitir que fue intenso y que cruzamos una frontera difícil de olvidar.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Descubrí que no me había contado toda la verdad sobre su situación sentimental y eso cambió por completo cómo veo lo sucedido. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
Desde aquella noche, los momentos cotidianos se sienten distintos. Una despedida, una llamada breve o una mirada frente a otras personas tiene un peso que antes no existía, y mantener la discreción empieza a cansarnos.
También hablamos de límites, protección y expectativas antes de volver a vernos. Esa conversación fue menos romántica que la primera noche, pero me hizo entender que la confianza no puede sostenerse únicamente con química.
Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a alguien y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Vale la pena arriesgar la estabilidad por una historia que comenzó de esta manera?
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