Mentí diciendo que dominaba una herramienta y ahora debo usarla frente a todo el equipo — Huancayo: una promesa difícil de cumplir
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 45 años y trabajo desde hace 13 años en un hotel de Huancayo. El problema es que mentí diciendo que dominaba una herramienta y ahora debo usarla frente a todo el equipo.
Durante mucho tiempo intenté adaptarme porque valoraba la estabilidad, el aprendizaje y la relación con algunas personas del equipo. Me acostumbré a responder mensajes fuera de horario, resolver urgencias y mantener una buena cara incluso cuando las decisiones no eran justas.
La situación llegó a un punto distinto durante la reunión mensual de resultados. Hubo una conversación donde quedó claro que mi esfuerzo se daba por sentado, mientras cualquier límite era interpretado como falta de compromiso. Salí de esa reunión con una mezcla de enojo y miedo, porque necesito el sueldo pero también siento que me estoy apagando.
Una persona de confianza me recomendó documentar todo antes de hablar, pero hacerlo me hace sentir como si ya estuviera preparando una guerra.
Una carrera se construye con decisiones difíciles, y quedarse por costumbre también es una decisión. El trabajo ocupa demasiadas horas de la vida como para vivirlo únicamente sobreviviendo, pero tampoco puedo ignorar la realidad económica. ¿Creen que vale la pena luchar por mejorar el ambiente o ya es momento de salir?
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