La dirección protege a una persona que incumple todo porque tiene una relación cercana con los dueños — Moquegua: una historia que todavía sigue abierta
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 31 años y trabajo desde hace 1 año en un restaurante de Moquegua. El problema es que la dirección protege a una persona que incumple todo porque tiene una relación cercana con los dueños.
Durante mucho tiempo intenté adaptarme porque valoraba la estabilidad, el aprendizaje y la relación con algunas personas del equipo. Me acostumbré a responder mensajes fuera de horario, resolver urgencias y mantener una buena cara incluso cuando las decisiones no eran justas.
La situación llegó a un punto distinto durante una auditoría interna. Hubo una conversación donde quedó claro que mi esfuerzo se daba por sentado, mientras cualquier límite era interpretado como falta de compromiso. Salí de esa reunión con una mezcla de enojo y miedo, porque necesito el sueldo pero también siento que me estoy apagando.
Mi familia me aconseja resistir porque “todos los trabajos son así”, pero no creo que normalizar el desgaste sea una solución.
La estabilidad importa, pero también importa la forma en que llego a casa después de cada jornada. El trabajo ocupa demasiadas horas de la vida como para vivirlo únicamente sobreviviendo, pero tampoco puedo ignorar la realidad económica. ¿Cómo pondrían límites sin quedar como una persona poco comprometida?
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