Llevo meses recibiendo apoyo psicológico y lo oculto porque en mi familia todavía juzgan pedir ayuda en Abancay
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 41 años, vivo en Abancay y esta es la verdad que casi nadie conoce: Llevo meses recibiendo apoyo psicológico y lo oculto porque en mi familia todavía juzgan pedir ayuda.
El secreto comenzó hace aproximadamente 2 meses. En ese momento pensé que solo necesitaba unos días para ordenar las cosas antes de hablar. Después llegaron nuevas preguntas, compromisos y conversaciones, y fui respondiendo con medias verdades para evitar una reacción que no sabía manejar.
Lo más difícil es que mi vida cotidiana continúa con normalidad. Se repiten llamadas en las que debo responder sin revelar demasiado, mientras yo calculo cada palabra para no revelar demasiado. No disfruto mentir; de hecho, cada gesto de confianza me recuerda que la otra persona decide sin tener toda la información.
Alguien más conoce la verdad y me pidió que sea yo quien hable antes de que se enteren por otra vía. Hace poco, durante una llamada del banco, estuve a punto de decirlo todo. No lo hice y desde entonces siento que perdí otra oportunidad.
El silencio me dio tiempo al comienzo, pero ahora ese tiempo también tiene un costo para quienes confían en mí. También entiendo que contar un secreto no borra las consecuencias de haberlo guardado. ¿Es peor la verdad o la sensación de haber sido engañados durante tanto tiempo?
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