Mi pareja y yo decidimos separarnos, pero seguimos apareciendo juntos frente a la familia por miedo a sus reacciones — Iquitos: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 35 años, vivo en Iquitos y esta es la verdad que casi nadie conoce: Mi pareja y yo decidimos separarnos, pero seguimos apareciendo juntos frente a la familia por miedo a sus reacciones.
El secreto comenzó hace aproximadamente 11 meses. En ese momento pensé que solo necesitaba unos días para ordenar las cosas antes de hablar. Después llegaron nuevas preguntas, compromisos y conversaciones, y fui respondiendo con medias verdades para evitar una reacción que no sabía manejar.
Lo más difícil es que mi vida cotidiana continúa con normalidad. Se repiten documentos y fechas que escondo para ganar un poco más de tiempo, mientras yo calculo cada palabra para no revelar demasiado. No disfruto mentir; de hecho, cada gesto de confianza me recuerda que la otra persona decide sin tener toda la información.
Hay días en que estoy a punto de contarlo, pero una frase o un comentario me hace retroceder. Hace poco, durante un almuerzo familiar, estuve a punto de decirlo todo. No lo hice y desde entonces siento que perdí otra oportunidad.
Contar la verdad no borrará lo ocultado, aunque podría ser el primer paso para dejar de agrandar el problema. También entiendo que contar un secreto no borra las consecuencias de haberlo guardado. ¿Hasta qué punto proteger mi privacidad justifica mantener este secreto?
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