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Fantasma #260404/07/2026 · Chimbote
🔥Picantes
✦ Historia editorial🔥 Historia roja · +18 · lenguaje moderado

No debía sentir esto por una persona del coworking

Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 41 años, la otra persona tiene 39 y ambos somos adultos. Vivo en Chimbote y tenía pareja, aunque nuestra relación atravesaba una etapa de distancia y rutina. Todo comenzó con una persona del coworking, a partir de las tardes en que casi todos se iban temprano.

Durante casi 12 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: una libreta donde anotaba todo, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.

Nos quedamos a solas después de una salida del grupo. La conversación se apagó y la cercanía hizo evidente todo lo que llevábamos evitando. Nos permitimos vivir aquello que llevábamos imaginando. Fue consensuado, sin excesos ni promesas, aunque después aparecieron sentimientos que no estaban en el acuerdo.

Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Cada vez que intento alejarme aparece una excusa razonable para volver a vernos y termino cediendo. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.

Intentamos establecer reglas claras: nada de promesas impulsivas, nada de presiones y sinceridad sobre lo que cada uno espera. Aun así, las emociones no están obedeciendo el orden que tratamos de imponerles.

En público seguimos actuando como antes. Lo difícil es que ahora reconozco pequeños gestos que nadie más nota: la pausa antes de despedirnos, la forma de buscar un momento a solas y los mensajes que evitamos enviar cuando estamos acompañados.

Intento distinguir entre la emoción de lo secreto y la compatibilidad que necesitaríamos en la vida cotidiana. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Ustedes cortarían todo antes de que se complique más o intentarían descubrir si hay algo real?

Sin anuncios en esta publicación · contenido íntimo no gráfico
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