Ya redacté mi renuncia y tengo una fecha para irme, pero en la oficina todos hacen planes conmigo a largo plazo — Tumbes: una promesa difícil de cumplir
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 55 años, vivo en Tumbes y esta es la verdad que casi nadie conoce: Ya redacté mi renuncia y tengo una fecha para irme, pero en la oficina todos hacen planes conmigo a largo plazo.
El secreto comenzó hace aproximadamente 16 meses. En ese momento pensé que solo necesitaba unos días para ordenar las cosas antes de hablar. Después llegaron nuevas preguntas, compromisos y conversaciones, y fui respondiendo con medias verdades para evitar una reacción que no sabía manejar.
Lo más difícil es que mi vida cotidiana continúa con normalidad. Se repiten reuniones donde escucho suposiciones sobre mi vida y permanezco en silencio, mientras yo calculo cada palabra para no revelar demasiado. No disfruto mentir; de hecho, cada gesto de confianza me recuerda que la otra persona decide sin tener toda la información.
El secreto empezó como una forma de ganar tiempo, pero ahora involucra decisiones de otras personas. Hace poco, durante una cena de domingo, estuve a punto de decirlo todo. No lo hice y desde entonces siento que perdí otra oportunidad.
El silencio me dio tiempo al comienzo, pero ahora ese tiempo también tiene un costo para quienes confían en mí. También entiendo que contar un secreto no borra las consecuencias de haberlo guardado. ¿Es peor la verdad o la sensación de haber sido engañados durante tanto tiempo?
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