Una decisión de mi juventud podría cambiar la forma en que mi pareja me ve si alguna vez la conoce — Cusco: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 28 años, vivo en Cusco y esta es la verdad que casi nadie conoce: Una decisión de mi juventud podría cambiar la forma en que mi pareja me ve si alguna vez la conoce.
El secreto comenzó hace aproximadamente 14 meses. En ese momento pensé que solo necesitaba unos días para ordenar las cosas antes de hablar. Después llegaron nuevas preguntas, compromisos y conversaciones, y fui respondiendo con medias verdades para evitar una reacción que no sabía manejar.
Lo más difícil es que mi vida cotidiana continúa con normalidad. Se repiten comentarios bien intencionados que me recuerdan la versión que todos creen, mientras yo calculo cada palabra para no revelar demasiado. No disfruto mentir; de hecho, cada gesto de confianza me recuerda que la otra persona decide sin tener toda la información.
Alguien más conoce la verdad y me pidió que sea yo quien hable antes de que se enteren por otra vía. Hace poco, durante una reunión del trabajo, estuve a punto de decirlo todo. No lo hice y desde entonces siento que perdí otra oportunidad.
Contar la verdad no borrará lo ocultado, aunque podría ser el primer paso para dejar de agrandar el problema. También entiendo que contar un secreto no borra las consecuencias de haberlo guardado. ¿La sinceridad tardía repara algo o solo demuestra que nunca debí ocultarlo?
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