Ya redacté mi renuncia y tengo una fecha para irme, pero en la oficina todos hacen planes conmigo a largo plazo — Iquitos: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 31 años, vivo en Iquitos y esta es la verdad que casi nadie conoce: Ya redacté mi renuncia y tengo una fecha para irme, pero en la oficina todos hacen planes conmigo a largo plazo.
El secreto comenzó hace aproximadamente 5 meses. En ese momento pensé que solo necesitaba unos días para ordenar las cosas antes de hablar. Después llegaron nuevas preguntas, compromisos y conversaciones, y fui respondiendo con medias verdades para evitar una reacción que no sabía manejar.
Lo más difícil es que mi vida cotidiana continúa con normalidad. Se repiten planes familiares construidos con información incompleta, mientras yo calculo cada palabra para no revelar demasiado. No disfruto mentir; de hecho, cada gesto de confianza me recuerda que la otra persona decide sin tener toda la información.
Hay días en que estoy a punto de contarlo, pero una frase o un comentario me hace retroceder. Hace poco, durante un almuerzo familiar, estuve a punto de decirlo todo. No lo hice y desde entonces siento que perdí otra oportunidad.
Contar la verdad no borrará lo ocultado, aunque podría ser el primer paso para dejar de agrandar el problema. También entiendo que contar un secreto no borra las consecuencias de haberlo guardado. ¿Cómo empezarían una conversación que puede cambiar la imagen que todos tienen de ustedes?
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