Me convertí en la otra persona sin saberlo — Arequipa: una historia que todavía sigue abierta
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 36 años y conocí en Arequipa a alguien que aseguraba estar separado. Nos vimos durante 3 meses y nunca sentí que estuviera escondiéndome porque tenía respuestas para cada situación.
Nos conocimos a través de amigos en común. Decía que todavía compartía algunos asuntos con su expareja, pero que la relación había terminado. Yo creí esa versión porque nunca me pidió dinero ni hizo promesas exageradas.
La verdad apareció por una foto enviada por error al grupo equivocado. Descubrí que no solo seguía en pareja, sino que su vida cotidiana era muy distinta a la que me describía. Cuando lo enfrenté, insistió en que la relación estaba rota y que solo necesitaba tiempo para irse.
Corté el contacto, aunque todavía recibo mensajes donde promete que ahora sí terminará todo.
Desde entonces reviso mentalmente cada conversación anterior y descubro señales que en su momento parecían normales. También intento seguir con mi rutina, pero la situación aparece en momentos inesperados y cambia mi manera de interpretar cualquier silencio.
Sé que el cariño no borra la traición y que la culpa tampoco repara por sí sola el daño causado. Sé que no conocía toda la verdad, pero también me pregunto si ignoré señales porque quería creerle. ¿Es posible perdonar sin olvidar o estoy exigiéndome algo que todavía no puedo dar?
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