Perdoné una infidelidad, pero la confianza no volvió — Nazca: el detalle que nadie más conocía
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 45 años, vivo en Nazca y hace 6 meses descubrí que mi pareja me había sido infiel con una persona de otra ciudad. Decidí quedarme porque aún existía cariño y porque ambos dijimos querer reparar la relación.
Al comienzo hubo transparencia, conversaciones largas y cambios concretos. Fuimos capaces de hablar de cosas que habíamos evitado durante años. Sin embargo, con el tiempo mi miedo regresó por detalles pequeños, como un segundo teléfono que siempre estaba en silencio.
No he encontrado una nueva mentira, pero mi cuerpo reacciona como si estuviera a punto de descubrir otra vez lo mismo.
La relación tiene momentos buenos y no quiero reducirla únicamente a la traición. Aun así, la confianza ya no aparece de manera natural: tengo que decidirla todos los días, y eso cansa a los dos.
Lo ocurrido también cambió la forma en que me veo a mí mismo. A veces siento rabia, otras vergüenza y otras una tristeza tranquila que aparece cuando recuerdo lo seguro que me sentía antes de conocer toda la verdad.
Sé que el cariño no borra la traición y que la culpa tampoco repara por sí sola el daño causado. Me pregunto si estoy sanando lentamente o si solo aprendí a vivir incómodo para no enfrentar una separación. ¿Es posible perdonar sin olvidar o estoy exigiéndome algo que todavía no puedo dar?
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