Perdoné una infidelidad, pero la confianza no volvió — Ayacucho: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 35 años, vivo en Ayacucho y hace 17 meses descubrí que mi pareja me había sido infiel con alguien de un viaje. Decidí quedarme porque aún existía cariño y porque ambos dijimos querer reparar la relación.
Al comienzo hubo transparencia, conversaciones largas y cambios concretos. Fuimos capaces de hablar de cosas que habíamos evitado durante años. Sin embargo, con el tiempo mi miedo regresó por detalles pequeños, como un mensaje que apareció en la pantalla mientras conducía.
Yo pensaba que perdonar significaba dejar de preguntar; ahora entiendo que quizá solo significaba intentar seguir.
La relación tiene momentos buenos y no quiero reducirla únicamente a la traición. Aun así, la confianza ya no aparece de manera natural: tengo que decidirla todos los días, y eso cansa a los dos.
He hablado con una sola persona de confianza, que me pidió no decidir desde la culpa ni desde el miedo a estar solo. El consejo tiene sentido, aunque aplicarlo es mucho más difícil cuando todavía existen cariño, costumbre y planes compartidos.
No quiero decidir desde la rabia, pero tampoco usar los años compartidos como excusa para tolerar cualquier cosa. Me pregunto si estoy sanando lentamente o si solo aprendí a vivir incómodo para no enfrentar una separación. ¿Estoy creyendo una versión conveniente porque me da miedo empezar de nuevo?
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