Mi pareja decía que era solo una persona de otra ciudad, pero encontré algo más — Cajamarca: una promesa difícil de cumplir
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 30 años, vivo en Cajamarca y llevaba 13 años con mi pareja. Hasta hace poco creía que teníamos problemas normales de rutina, pero nada que no pudiéramos conversar.
Las dudas comenzaron por cambios repentinos de horario que nunca coincidían con lo que decía. Al principio intenté no imaginar lo peor y acepté explicaciones que ahora me parecen demasiado fáciles. Sin embargo, los detalles se fueron acumulando: ausencias, respuestas cortas y una distancia que no existía antes.
Finalmente descubrí que se trataba de una persona de otra ciudad. No fue una escena de película; fue una conversación incómoda, silencios largos y la sensación de que una parte de mi vida se había organizado a mis espaldas. Mi pareja admitió que la relación paralela llevaba aproximadamente 10 meses, aunque asegura que ya terminó.
Desde entonces intenta demostrarme que quiere reparar lo ocurrido, me muestra el teléfono y propone terapia, pero yo ya no reconozco la tranquilidad que tenía antes.
He hablado con una sola persona de confianza, que me pidió no decidir desde la culpa ni desde el miedo a estar solo. El consejo tiene sentido, aunque aplicarlo es mucho más difícil cuando todavía existen cariño, costumbre y planes compartidos.
La confianza no parece volver con promesas, sino con decisiones consistentes durante mucho tiempo. No quiero decidir desde la rabia, pero tampoco deseo acostumbrarme a vivir revisando cada explicación. ¿Estoy creyendo una versión conveniente porque me da miedo empezar de nuevo?
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