Fui infiel y ahora no sé si confesarlo — Cañete: una historia que todavía sigue abierta
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 24 años, vivo en Cañete y llevo 2 años en pareja. Siempre pensé que jamás sería infiel porque conocía el daño que podía causar.
Todo empezó con alguien que conocí en el gimnasio. La conversación se volvió frecuente durante 5 meses y, aunque al comienzo no hubo contacto físico, yo ocultaba mensajes y esperaba esos momentos más de lo que esperaba hablar con mi propia pareja.
Durante una visita inesperada cruzamos el límite que habíamos fingido no ver. Éramos adultos, estábamos completamente conscientes y no puedo culpar al alcohol ni a una confusión. Después acordamos que no volvería a pasar, pero seguimos escribiéndonos y esa parte emocional quizá sea todavía más difícil de cortar.
Mi pareja ha estado más cariñosa últimamente y cada gesto de confianza me hace sentir peor.
He hablado con una sola persona de confianza, que me pidió no decidir desde la culpa ni desde el miedo a estar solo. El consejo tiene sentido, aunque aplicarlo es mucho más difícil cuando todavía existen cariño, costumbre y planes compartidos.
Sé que el cariño no borra la traición y que la culpa tampoco repara por sí sola el daño causado. Confesar podría ser honesto, pero también podría trasladarle a mi pareja un dolor que ahora solo cargo yo. Ocultarlo, en cambio, significa continuar una relación basada en una verdad incompleta. ¿Estoy creyendo una versión conveniente porque me da miedo empezar de nuevo?
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en responder.