Fui infiel y ahora no sé si confesarlo — Iquitos: una conversación que lo cambió todo
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 37 años, vivo en Iquitos y llevo 2 años en pareja. Siempre pensé que jamás sería infiel porque conocía el daño que podía causar.
Todo empezó con una persona de otra ciudad. La conversación se volvió frecuente durante 4 meses y, aunque al comienzo no hubo contacto físico, yo ocultaba mensajes y esperaba esos momentos más de lo que esperaba hablar con mi propia pareja.
Durante un cumpleaños cruzamos el límite que habíamos fingido no ver. Éramos adultos, estábamos completamente conscientes y no puedo culpar al alcohol ni a una confusión. Después acordamos que no volvería a pasar, pero seguimos escribiéndonos y esa parte emocional quizá sea todavía más difícil de cortar.
La otra persona dice que no quiere seguir escondiéndose y me pidió tomar una decisión.
Los días siguientes fueron una mezcla de normalidad y tensión. Seguimos cumpliendo horarios, respondiendo mensajes familiares y haciendo cosas cotidianas, pero cada conversación importante parece detenerse justo antes de llegar al tema que realmente necesitamos enfrentar.
La confianza no parece volver con promesas, sino con decisiones consistentes durante mucho tiempo. Confesar podría ser honesto, pero también podría trasladarle a mi pareja un dolor que ahora solo cargo yo. Ocultarlo, en cambio, significa continuar una relación basada en una verdad incompleta. ¿Estoy creyendo una versión conveniente porque me da miedo empezar de nuevo?
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