Me convertí en la otra persona sin saberlo — Puno: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 42 años y conocí en Puno a alguien que aseguraba estar separado. Nos vimos durante 4 meses y nunca sentí que estuviera escondiéndome porque tenía respuestas para cada situación.
Nos conocimos a través de redes sociales. Decía que todavía compartía algunos asuntos con su expareja, pero que la relación había terminado. Yo creí esa versión porque nunca me pidió dinero ni hizo promesas exageradas.
La verdad apareció por un segundo teléfono que siempre estaba en silencio. Descubrí que no solo seguía en pareja, sino que su vida cotidiana era muy distinta a la que me describía. Cuando lo enfrenté, insistió en que la relación estaba rota y que solo necesitaba tiempo para irse.
Lo más difícil es la vergüenza de haber defendido esa relación frente a amistades que ya sospechaban.
He hablado con una sola persona de confianza, que me pidió no decidir desde la culpa ni desde el miedo a estar solo. El consejo tiene sentido, aunque aplicarlo es mucho más difícil cuando todavía existen cariño, costumbre y planes compartidos.
Sé que el cariño no borra la traición y que la culpa tampoco repara por sí sola el daño causado. Sé que no conocía toda la verdad, pero también me pregunto si ignoré señales porque quería creerle. ¿Ustedes pedirían explicaciones una vez más o se irían sin mirar atrás?
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