Descubrí la infidelidad por cambios repentinos de horario que nunca coincidían con lo que decía — Juliaca: una historia que todavía sigue abierta
No busco que me den la razón; solo necesito una opinión de alguien que no conozca a las personas involucradas. Tengo 35 años, vivo en Juliaca y llevaba 7 años con mi pareja. Hasta hace poco creía que teníamos problemas normales de rutina, pero nada que no pudiéramos conversar.
Las dudas comenzaron por cambios repentinos de horario que nunca coincidían con lo que decía. Al principio intenté no imaginar lo peor y acepté explicaciones que ahora me parecen demasiado fáciles. Sin embargo, los detalles se fueron acumulando: ausencias, respuestas cortas y una distancia que no existía antes.
Finalmente descubrí que se trataba de una persona de otra ciudad. No fue una escena de película; fue una conversación incómoda, silencios largos y la sensación de que una parte de mi vida se había organizado a mis espaldas. Mi pareja admitió que la relación paralela llevaba aproximadamente 6 meses, aunque asegura que ya terminó.
Desde entonces intenta demostrarme que quiere reparar lo ocurrido, me muestra el teléfono y propone terapia, pero yo ya no reconozco la tranquilidad que tenía antes.
He hablado con una sola persona de confianza, que me pidió no decidir desde la culpa ni desde el miedo a estar solo. El consejo tiene sentido, aunque aplicarlo es mucho más difícil cuando todavía existen cariño, costumbre y planes compartidos.
No quiero decidir desde la rabia, pero tampoco usar los años compartidos como excusa para tolerar cualquier cosa. No quiero decidir desde la rabia, pero tampoco deseo acostumbrarme a vivir revisando cada explicación. ¿Es posible perdonar sin olvidar o estoy exigiéndome algo que todavía no puedo dar?
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