Perdoné una infidelidad, pero la confianza no volvió — Puno: una historia que todavía sigue abierta
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 39 años, vivo en Puno y hace 10 meses descubrí que mi pareja me había sido infiel con un cliente frecuente. Decidí quedarme porque aún existía cariño y porque ambos dijimos querer reparar la relación.
Al comienzo hubo transparencia, conversaciones largas y cambios concretos. Fuimos capaces de hablar de cosas que habíamos evitado durante años. Sin embargo, con el tiempo mi miedo regresó por detalles pequeños, como una contraseña nueva y una preocupación exagerada por dejar el celular boca abajo.
No he encontrado una nueva mentira, pero mi cuerpo reacciona como si estuviera a punto de descubrir otra vez lo mismo.
La relación tiene momentos buenos y no quiero reducirla únicamente a la traición. Aun así, la confianza ya no aparece de manera natural: tengo que decidirla todos los días, y eso cansa a los dos.
Lo ocurrido también cambió la forma en que me veo a mí mismo. A veces siento rabia, otras vergüenza y otras una tristeza tranquila que aparece cuando recuerdo lo seguro que me sentía antes de conocer toda la verdad.
Sé que el cariño no borra la traición y que la culpa tampoco repara por sí sola el daño causado. Me pregunto si estoy sanando lentamente o si solo aprendí a vivir incómodo para no enfrentar una separación. ¿Una infidelidad emocional pesa igual que una física?
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