Perdoné una infidelidad, pero la confianza no volvió — Moquegua: una historia que todavía sigue abierta
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 31 años, vivo en Moquegua y hace 9 meses descubrí que mi pareja me había sido infiel con una amistad de su familia. Decidí quedarme porque aún existía cariño y porque ambos dijimos querer reparar la relación.
Al comienzo hubo transparencia, conversaciones largas y cambios concretos. Fuimos capaces de hablar de cosas que habíamos evitado durante años. Sin embargo, con el tiempo mi miedo regresó por detalles pequeños, como una conversación borrada que quedó abierta en la computadora.
No he encontrado una nueva mentira, pero mi cuerpo reacciona como si estuviera a punto de descubrir otra vez lo mismo.
La relación tiene momentos buenos y no quiero reducirla únicamente a la traición. Aun así, la confianza ya no aparece de manera natural: tengo que decidirla todos los días, y eso cansa a los dos.
Lo ocurrido también cambió la forma en que me veo a mí mismo. A veces siento rabia, otras vergüenza y otras una tristeza tranquila que aparece cuando recuerdo lo seguro que me sentía antes de conocer toda la verdad.
No quiero decidir desde la rabia, pero tampoco usar los años compartidos como excusa para tolerar cualquier cosa. Me pregunto si estoy sanando lentamente o si solo aprendí a vivir incómodo para no enfrentar una separación. ¿Estoy creyendo una versión conveniente porque me da miedo empezar de nuevo?
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