La amistad dejó de sentirse inocente — Arequipa: el miedo de empezar nuevamente
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 33 años, vivo en Arequipa y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es alguien que veía cada mañana en una cafetería; durante semanas solo intercambiamos saludos hasta que un día no hubo mesas libres.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los almuerzos sencillos después del trabajo, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 5 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Todo se volvió evidente cuando pasé una semana difícil y fue la única persona que apareció sin que yo tuviera que pedir ayuda. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Acordamos salir en serio durante un mes y después conversar, pero yo ya estoy mucho más involucrado de lo que pensaba. Yo llevaba tiempo diciendo que no quería compromisos y ahora me cuesta reconocer que cambié de opinión. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
No quiero idealizar a esta persona, pero tampoco minimizar lo bien que me hace sentir su presencia. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Esperarían a que la situación se resuelva sola o tomarían la iniciativa?
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en responder.